Cada 21 y 22 de marzo, el mundo conmemora dos fechas profundamente conectadas: el Día Internacional de los Bosques y el Día Mundial del Agua. Más allá de su valor ambiental, estos elementos son fundamentales para la construcción de paz en Colombia.
En territorios históricamente afectados por el conflicto armado, las economías ilícitas y la débil presencia institucional, la relación entre comunidades, naturaleza y desarrollo ha sido profundamente tensionada. La degradación de ecosistemas estratégicos —como los bosques y las fuentes hídricas— no solo impacta la biodiversidad, sino también las oportunidades de vida digna, la seguridad alimentaria y la sostenibilidad de los territorios.
Los bosques, por ejemplo, son mucho más que cobertura vegetal. Son fuente de ingresos, protección ambiental y arraigo cultural para comunidades rurales y étnicas. Su conservación y uso sostenible permiten avanzar hacia economías lícitas, reducir la presión sobre actividades ilegales y fortalecer el tejido social.
De la misma manera, el acceso y la gestión sostenible del agua son condiciones esenciales para la salud, la producción y la vida comunitaria. En muchas regiones, la escasez o contaminación del agua profundiza desigualdades y limita las oportunidades de desarrollo, especialmente para mujeres y comunidades rurales.
Desde el Fondo Multidonante de las Naciones Unidas para la Paz en Colombia, entendemos que la paz territorial sostenible solo es posible si se protegen y restauran estos recursos. Por eso, nuestras intervenciones integran la protección ambiental como un eje central, promoviendo la restauración de ecosistemas, el uso sostenible de los recursos naturales y el fortalecimiento de capacidades locales para su gestión. Un ejemplo claro de este tipo de intervenciones, es la recién aprobada estrategia integral Conexión Pazífico Sostenible donde las y los jóvenes protegerán el medio ambiente de Tumaco y Roberto Payán en Nariño.
A través de distintas iniciativas en el territorio, se impulsa la transición hacia economías legales que dependen de la sostenibilidad de los bosques y el agua, como la agroforestería, la pesca artesanal responsable o el aprovechamiento sostenible de productos del bosque. Al mismo tiempo, se promueven mecanismos innovadores de financiación y gobernanza que incentivan la conservación y el cuidado de estos ecosistemas.
En el contexto colombiano, estos esfuerzos no son estáticos ni aislados. Requieren continuidad, articulación y una apuesta sostenida en el tiempo que permita consolidar avances, fortalecer capacidades locales y ampliar el impacto en los territorios. Cada acción suma en la construcción de un modelo de desarrollo que reconoce que la protección de los recursos naturales es inseparable de la construcción de paz.
Te invitamos a ver Agua, una de nuestras series que relata la importancia de cuidar este recurso para la construcción de paz en el país.
Porque cuidar los bosques es cuidar la vida.
Y proteger el agua es asegurar el futuro.